sábado 7 de octubre - 2017

Advierten por el deterioro creciente de Notre Dame


Gárgolas rotas y columnas caídas, reemplazadas por caños de plástico y tablones de madera. Arcos oscurecidos por la polución y erosionados por el agua de lluvia. Pináculos apuntalados con barras y atados con correas.

Pocos de estos deterioros son perceptibles a primera vista por los millones de turistas cautivados que visitan cada año la Catedral de Notre Dame en París, muchos de ellos demasiado ocupados en admirar la profusión de esculturas de la fachada frontal como para notar el desgaste.

Pero hace unos días, André Finot, vocero de la catedral, señaló el desgaste. Apenas al tocarlo con el dedo, un fragmento de piedra caliza se desmoronó. “Por todas partes la piedra está corroída y cuanto más sopla el viento, más se desprenden pequeños trozos como éste”, dijo Finot mientras caminaba con cautela por sobre pedazos de piedra caídos en un pasillo de la azotea de la catedral. “La situación está fuera de control”, alertó.

No es ésta la primera vez en que la catedral, una joya de la arquitectura medieval gótica, requiere una reparación exhaustiva. Pero dicen los expertos que, si bien no corre riesgo de un derrumbe, Notre Dame ha llegado a un punto crítico, y muy costoso.

Para afrontar los gastos -unos 150 millones de euros- esperan capitalizar no solo el patriotismo arquitectónico de los franceses sino también la francofilia de donantes estadounidenses, entre ellos Melania Trump y Beyoncé. La catedral es parte de un “vínculo sentimental” entre Francia y Estados Unidos, forjado a través de alianzas en tiempos de guerra, valores comunes y una fascinación reciproca por la cultura del otro país.

Edificada en los siglos XII y XIII, Notre Dame fue motivo de una de sus remodelaciones más significativas entre 1844 y 1864, cuando rehicieron la aguja e incorporaron diversos retoques arquitectónicos. Esa restauración sucedió a décadas de negligencia y daños parciales a manos de los revolucionarios franceses y en parte tuvo su origen en la publicación en 1831 de la novela de Victor Hugo Notre Dame de París, que echó luz sobre el estado decrépito de la obra.

“Sin duda, la catedral de Notre Dame de París es, hasta el día de hoy, un edificio sublime y majestuoso”, escribía Hugo en la novela. “Pero con todo lo noble que se ha mantenido mientras envejecía, uno no puede sino indignarse ante las innumerables degradaciones y mutilaciones infligidas a esa venerable mole.” “Ahora vuelve a funcionar el llamado de atención que Hugo escribió hace más de 180 años”, resumió Andrew Tallon, profesor de historia del arte en Vassar College, Estados Unidos.

Notre Dame, dijo Tallon, enfrenta en este momento una “situación muy inquietante —cuando no alarmante—, en la que requiere toda ayuda posible”. Nada que pudiese apreciar la mayoría de los turistas que en filas serpenteantes aguardaba para visitar la catedral una tarde reciente, mientras muchos se sacaban selfies y espiaban hacia arriba sus dos torres. Cada año visitan Notre Dame unos 13 millones de personas: 30.000 por día, aproximadamente.

“No parece necesitar arreglos”, dijo Liz Bronze, visitante de 25 años llegada de Londres con un amigo. “Se lo ve hermoso al edificio así.” A primera vista, es así. Los vitrales de la nave principal fueron reemplazados en la década de 1960 con vívidos colores como resultado. La fachada frontal quedó de un blanco resplandeciente en la década de 2000, al cabo de diez años de que se limpiara la piedra cubierta por capas de polución ambiental. Varias campanas se cambiaron en 2013, en medio de grandes fanfarrias, con antelación al 850° aniversario de la catedral.


“Cuando uno la mira desde el frente, no hay problema”, dijo Picaud, el director de la fundación. “Pero cuando se pasa al otro lado del escenario, ahí es cuando las cosas se caen barranca abajo.” A través de grietas que hay en la aguja revestida en plomo, regularmente se filtra agua que debilita su estructura de madera. La lluvia, en parte ácida, está erosionando los contrafuertes y sus pináculos decorativos, construidos con piedra caliza frágil.

Hay gárgolas que se han caído y se las ha reemplazado con caños de PVC. Sobre una pequeña extensión con césped al fondo de la catedral se encuentra mampostería desprendida a lo largo de años o que se quitó como medida precautoria, prolijamente apilada.

Philippe Villeneuve, el arquitecto jefe a cargo de la renovación, explicó que Notre Dame es complicada de restaurar porque en la arquitectura gótica “los elementos tienen todos roles estructurales”.

Los pináculos, por ejemplo, participan en el anclaje y la estabilidad de los contrafuertes, que sustentan el peso de la catedral. Los rostros distorsionados y burlones de las gárgolas sirven tanto para decorar como para evacuar el agua de lluvia.

“Si usted saca alguno de esos elementos, en algún lado se produce un desequilibrio”, dijo Villeneuve. “No se va a desmoronar toda la construcción porque usted quite tres pináculos, pero la va a desbalancear.”