lunes 4 de diciembre - 2017

Empezó la temporada de pingüinos en Puerto Deseado


Una multitud se acerca a las costas de Puerto Deseado para adherir a la celebración del centenario de la creación del faro Cabo Blanco. Más de 30 mil pingüinos -una cifra que supera largamente la cantidad de turistas que llegan para descubrir este paraíso ecológico- transforman por estos días la superficie rocosa de la isla Pingüino en una romería de chillidos estridentes y pasos acelerados.

Los visitantes que se acercan en las embarcaciones que recorren la ría tienen el privilegio de apreciar una gigantesca pingüinera, el vasto escenario de cara al mar en el que las parejas de adultos buscan el mejor lugar para nidificar y acondicionar los nidos ya instalados antes de poner los primeros huevos y dedicarse a proteger a sus crías.

El espectáculo natural se aprecia a unos 20 kilómetros del casco urbano de esa localidad del noreste de Santa Cruz, una comarca que se mantiene tan desolada como la encontraron los aventureros más adelantados. Primero sorprendió a Hernando de Magallanes -en 1520, cuando realizaba su travesía de circunvalación en busca de un paso interoceánico- y más tarde agitó la curiosidad del marino inglés Thomas Cavendish y de su compatriota Charles Darwin, obnubilado ante la majestuosidad de la meseta amarillenta que se extendía en sus largavistas hasta el accidentado borde de la costa atlántica.

La convivencia no es un tema menor en el pequeño territorio insular copado por los pingüinos. Escudados tras sus plumas de color amarillo suspendidas sobre los ojos rojos, el pecho blanco y el prominente pico color salmón, los ejemplares de la variedad penacho amarillo aceptan el reto -que les plantean las variedades de Magallanes- de discutir el espacio natural que ocuparán unos y otros durante la temporada de verano. Mientras se esfuerzan por reencontrar las madrigueras que dejaron vacías desde la temporada anterior, la atmósfera se torna espesa. Ante la más leve provocación, estallan las escaramuzas y las tensiones se dirimen a los picotazos. A la manera de privilegiados espectadores que no quieren perderse siquiera un detalle da cada altercado, los escuas multiplican sus vuelos rasantes en bandadas.

Pero no están solos en eso de espiar la rutina ajena. Contingentes de turistas y equipos de científicos trasladados hasta esta porción de tierra agreste desde los cinco continentes procuran la posición más adecuada entre las rocas para dedicarse a la observación, con un ojo clavado en sus cámaras de fotos o teléfonos celulares, debidamente preparados para captar ese instante único que imaginaron quién sabe desde cuándo.

Menos observados por los ojos de los forasteros, colonias de lobos marinos de un pelo, toninas overas, delfines australes, albatros y petreles se estiran sobre el suelo irregular, entregados a la caricia del sol tibio.

El impecable cuadro natural se borronea más al sur, descolorido por las desvencijadas instalaciones de un faro apagado y los restos de una factoría, que se ocupó de arrasar con la existencia de lobos marinos en la zona a fines del siglo XVIII.

La tarde languidece como un suspiro interminable y desde las discretas edificaciones de Puerto Deseado llega la primera señal que indica el momento de regresar. Como la fugaz irrupción de un relámpago en el cielo despejado, el destello blanco del faro -un poderosos reflector metido en el campanario de la iglesia Nuestra Señora de la Guardia- cumple acabadamente con su misión, que respeta estrictamente la puntualidad suiza: cada diez segundos ilumina el frente costero y revela en las penumbras el estado de agitación que cunde en las aguas del Atlántico sur.

El mar libra una sorda puja con los embates de los vientos australes. A salvo de ese fulgor brillante e intermitente y oculto por la cerrada oscuridad de la noche, el mar gana terreno para extender sus dominios hacia un extraño tentáculo, una cavidad que perfora la meseta y recién se deshace a 45 kilómetros de la orilla: la ría Deseado es una rareza geológica que formaba parte de un río desaparecido y, al vaciarse, quedó a merced de las aguas enfurecidas por las mareas.

Cuatro veces al día, cada seis horas, el viboreante tajo conduce las aguas de la marea alta (6 m de profundidad media) o de la bajamar (un caudal mínimo de no más de un metro) hacia el corazón de la estepa. Choca con acantilados, abraza islas copadas por la fauna marina, recorta bancos de arena y esquiva cavernas, cerros y cañadones. Este fenómeno, único en Sudamérica, es una parte insoslayable del alma de Deseado y su gente.

Imperdible

Museos que relatan la historia local

La memoria de los vecinos de Puerto Deseado reserva un lugar privilegiado para el Policlínico Ferroviario, que, al ser inaugurado en 1955, se transformó en el primer centro de salud del pueblo. Cerrado hace un cuarto de siglo, el edificio acaba de ser restaurado y fueron reacondicionados los equipos que cubrían servicios asistenciales, de clínica médica, cirugía, obstetricia y odontología, para que el lugar -transformado en museo- pueda ser visitado por el público. Así se amplía el circuito de los museos, que incluye el Municipal Mario Brozoski -conserva piezas de la corbeta de guerra inglesa HMS Swift, hundida a 50 metros de la costa de Puerto Deseado en 1770- y el Ferroviario, donde se exhibe material del ramal Las Heras-Deseado (funcionó entre 1909 y 1978), que se salvó del desguace.

Miniguía

Cómo llegar. Desde Buenos Aires hasta Puerto Deseado son 2.028 kilómetros por Riccheri, Autopista a Cañuelas y ruta 3; en Santa Cruz, pasar 13 km Fitz Roy y desviar hacia la izquierda por la ruta 281; cinco peajes, $ 100.

Aerolíneas tiene de cuatro a siete vuelos sin escala de Aeroparque a Comodoro Rivadavia, Chubut (2 hs. 30"); ida y vuelta con impuestos, desde $ 2.496.
Bus semicama Don Otto o Vía Bariloche de Retiro a Comodoro Rivadavia (27 hs.), $ 2.085 ida; coche cama ejecutivo Cóndor-Estrella, Don Otto o Vía Bariloche (25 hs. 30"), $ 2.375.
Micro semicama Cooperativa Sportman de Comodoro Rivadavia a Puerto Deseado (5 hs. 30"), $ 390; semicama La Unión con trasbordo a coche cama en Caleta Olivia, $ 400.


Dónde alojarse. Hotel Isla Chaffers: habitación doble con desayuno, TV cable, wi-fi y estacionamiento, $ 1.050 (0297- 487-2246).

Cabañas El Puerto: para dos personas con heladera, cocina, TV cable, wi-fi y estacionamiento, $ 800; para cuatro, $ 1.500 (0297- 154211239).


Cuánto cuesta. Excursión en lancha hasta isla Pingüino con almuerzo (7 hs.), $ 2.000; paseo embarcado “Eco safari por la ría”, con refrigerio y desembarco en la isla de los Pájaros para observar lobos marinos, toninas overas, cormoranes grises y aves marinas, $ 1.000 (www.darwin-expeditions.com).

Inscripción para la doble travesía de cicloturismo Centenario Faro Cabo Blanco-Ría Deseado, a realizarse el 2 de diciembre, $ 1.000.

Cena solidaria de guiso de cordero el 2/12 en el club Deseado Juniors, $ 100 la porción.
Dónde informarse. En Buenos Aires, Casa de la Provincia de Santa Cruz: 25 de Mayo 279, tel. 4343-3605.