jueves 10 de enero - 2019

Cortes de gas eternos: ya no podrán exigirles a los usuarios que adapten sus unidades a nuevas regulaciones


El tamaño de la rejillas de ventilación, los materiales autorizados, la ubicación de los artefactos... La normativa que regula estos y otros requisitos que debe cumplir una instalación doméstica de gas cambia continuamente. Así, una instalación que estaba en regla, de un día para el otro deja de estarlo. Y ese es uno de los principales motivos que ocasionan largas demoras en la reconexión, cuando Metrogas corta el gas en un edificio. Porque después, cada propietario tiene que hacer modificaciones en su unidad y pasar por varias inspecciones hasta que se las aprueban. Pero ahora, una ley de la Ciudad le pone un freno a este problema, estableciendo que la prestataria no podrá exigir adecuaciones a nuevas normativas, a menos que la instalación sea peligrosa.


La ley 6.110, aprobada en diciembre y promulgada esta semana, es pionera. Es la primera vez que una ciudad legisla sobre un servicio concesionado por la Nación. Su texto es claro: "Las empresas prestatarias de suministro de gas no podrán exigir adecuaciones a nuevas regulaciones que impliquen modificaciones edilicias a cada unidad habitacional para interrumpir el suministro de gas, salvo que fuera necesario por resultar la instalación peligrosa o defectuosa".


En otras palabras, si hay fuga de gas o peligro de ella, que se interrumpa el suministro. Pero si ya no hay más riesgo, que se restablezca sin demora. Porque hasta ahora, entre que se hacen los trabajos en cada unidad, Metrogas los inspecciona y les da el visto bueno, pueden pasar meses y hasta años hasta que le devuelvan el gas a un edificio.



"Los vecinos nos pedían, desesperados, que la Ciudad los defienda ya eso apunta esta ley. Las empresas no quieren reconocer que afectan injustificadamente a los usuarios", sostiene el diputado porteño Sergio Abrevaya (GEN), impulsor de la ley.


Después de que una fuga hiciera explotar un edificio en Rosario y murieran 22 personas en 2013, el número de cortes de gas en la Ciudad se disparó. Tan sólo en un año -entre 2013 y 2014- aumentaron un 6%, como publicó Clarín en ese momento.


La distribuidora Metrogas, que concreta los cortes, dice que sólo ocurren en el 0,25% de los edificios que utilizan su servicio. Esto equivale a 5.750 construcciones que no tienen gas por motivos de seguridad en la Ciudad y en los 11 municipios del sur del GBA (entre ellos , Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora y Quilmes). Hay que aclarar que la nueva ley sólo rige en el ámbito de Capital.


Muchas veces, la interrupción del servicio se debe a fugas. Otras tantas, a inadecuaciones del edificio o de sus departamentos a esas nuevas normativas que cambian frecuentemente.


“Si no hay riesgo de fuga, debería dárseles a los edificios un plazo de hasta diez días hábiles para las adecuaciones antes de dejar sin servicio a los vecinos. Hoy restablecer el gas es, a veces, un proceso largo y caro”, sostuvo Daniel Tocco, presidente de la Cámara Argentina de la Propiedad Horizontal y Actividades Inmobiliarias (CAPHAI), en una nota publicada en agosto en Clarín.


En su momento, fuentes del sector afirmaron que la ley es de difícil aplicación, porque ningún inspector va a querer hacerse responsable de aprobar instalaciones que no cumplan con las regulaciones actuales. Es que aunque no haya peligro de fuga, sí puede haber muertes por inhalación de monóxido de carbono en ambientes no ventilados adecuadamente.


Hay un punto innegable: atender a la seguridad de las instalaciones de gas es imprescindible para prevenir tragedias. Lo que no es necesario son las demoras en la reconexión una vez que la fuga ya fue eliminada, y que sí han sido ampliamente denunciadas por inquilinos y consorcistas.


Es que la mitad de las obras de adecuación a la reglamentación actual son rechazadas por Metrogas durante las inspecciones, según datos de la Asociación de Instaladores de Gas, Agua y Sanitarios de la República Argentina (AIGASRA).



Así las cosas, este problema puede convertirse en un calvario para los usuarios afectados. No es fácil vivir en un departamento que siempre contó con gas y que, de un día para el otro, no lo tiene: hay que instalar artefactos eléctricos -termotanque, horno eléctrico, microondas-, o resignarse a la ducha fría, bañarse en el gimnasio y gastar en comida comprada. Esto además puede generar conflictos entre propietarios e inquilinos, porque los primeros en muchos casos no quieren comprar ninguno de esos electrodomésticos "de urgencia". O no aceptan rebajar el monto del alquiler para compensar la falta del servicio.